La consulta oracular más loca que he hecho fue por un gato. Su dueña quería saber si convenía someterlo a una operación indicada por el veterinario; el oráculo dijo que no. Cuando le di los detalles de la respuesta, decidió no gastar los setecientos dólares que costaba la intervención. Cinco años después, el gato sigue vivo.
En la mañana disfruto de dos cosas: mi café sin azúcar y los minutos en los que le escribo a la gente que aprovecha lo que comparto. Deja tu correo si te interesa formar parte.